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Neuroestimulación – Neurorehabilitación cognitiva

¿Qué es?

Las terapias de neuroestimulación y neurorehabilitación aplican estrategias o técnicas de intervención destinadas a permitir a los pacientes y a sus familias, atravesar, reducir o sobrellevar déficits cognitivos causados por daño cerebral o por patologías psiquiátricas. Los déficit cognitivos, como en la memoria, en los procesos atencionales, en la capacidad de organizar y planificar actividades, como así también los déficit conductuales y emocionales, pueden causar serias limitaciones funcionales que imposibilitan la reinserción de la persona en sus actividades cotidianas. Puede afectar negativamente gran cantidad de habilidades adaptativas, como la capacidad de autocuidarse, de mantener relaciones sociales, de tener éxito ocupacional, educacional, hasta incluso dificultades para concentrarse al ver una película, recordar donde se dejaron las llaves de la casa, recordar la medicación, etc. Los resultados de las técnicas de rehabilitación cognitiva son extraordinariamente significativos, particularmente desde la óptica del paciente y la familia. Existen estudios científicos comprobados de que el entrenamiento cognitivo otorga buenos resultados en las personas.

¿Cuál es el objetivo?

El entrenamiento cognitivo apunta a disminuir, sobrellevar o compensar el impacto funcional de los déficits y patologías discapacitantes. Incluye tanto técnicas orientadas a la restauración como a la compensación de las alteraciones cognitivas. La rehabilitación neuropsicológica hace referencia al proceso donde las personas pueden recuperar y entrenar sus habilidades cognitivas y en el caso de que ello no sea posible puedan conseguir una óptima capacidad en su funcionamiento mental, social y vocacional, compensando sus déficits. La Rehabilitación Cognitiva no solo se centra en los déficits cognitivos sino también en los problemas asociados a ellos como conductuales y emocionales, que limitan la vida diaria del individuo. En este sentido las intervenciones estarán dirigidas a lograr mayores niveles de autonomía e independencia funcional, reinserción social, laboral, educacional, disminución de la sobrecarga de cuidadores y familiares, es decir, mejorar la calidad de vida del paciente y su entorno familiar.

¿Quiénes se benefician con estas intervenciones terapéuticas?

  • Todas aquellas personas que hayan sufrido una lesión cerebral, como traumatismo de cráneo, accidentes cerebro vasculares, aneurismas, tumores cerebrales, epilepsias, etc.
  • Aquellas personas con trastornos psiquiátricos como psicosis, trastornos del estado de ánimo, etc.
  • Personas con deterioro psico-orgánicos, con patologías degenerativas, como por ejemplos los diversos tipos de demencias (Alzheimer, Fronto-temporal, Parkinson, etc.) en este caso se hablaría de estimulación cognitiva, para enlentecer el proceso de deterioro cognitivo y funcional.

Fundamentos científicos de la Rehabilitación

El fundamento científico de la rehabilitación cognitiva se basa en la plasticidad neuronal de nuestro cerebro, se produce cuando se establecen nuevas conexiones cerebrales, de manera espontánea y a través de ejercicios de rehabilitación cognitiva. La intervención guiada y directa de estrategias cognitivas resulta ser esencial para la recuperación y la reorganización del cerebro. Con frecuencia hay que aprender a vivir un estilo nuevo de vida, al establecer nuevos sistemas de aprendizaje (reeducación, rehabilitación) aprovechando aquellas capacidades cognitivas que se encuentren conservadas.

Las estrategias que se brindan en un proceso de rehabilitación cognitiva están destinadas a facilitar el desempeño cognitivo, conductual y emocional del paciente, mejorando así su calidad de vida.

Accidente cerebro vascular (ACV)

El accidente cerebro vascular o Ictus es una enfermedad vascular que afecta a las arterias del cerebro o aquellas que llegan al cerebro. Puede ser provocado por el taponamiento o la rotura de una arteria del cerebro. Es una causa muy frecuente de muerte y la primera causa de invalidez o discapacidad en los adultos y adultos mayores.

Un ataque cerebral puede ser devastador para las personas y sus familias, quitándoles su independencia y su calidad de vida. Es la causa más común de discapacidad en los adultos.


Puede darse por dos causas:

Ataque cerebrovascular isquémico: es la causa más frecuente y se produce cuando se obstruye una arteria y no llega sangre a una parte del cerebro. Se conoce también como infarto cerebral. En la mayor parte de los casos la obstrucción está producida por la presencia de placas de ateroma, lo que llamamos arteriosclerosis (las arterias que se vuelven rígidas, en un proceso progresivo que consiste en la acumulación de colesterol, calcio y otras grasas en la pared de las arterias. En ciertas zonas de las arterias el estrechamiento puntual es más intenso, llegando a tapar casi por completo el paso de sangre al cerebro, llamado estenosis. En otros casos se debe a la llegada de un trombo desde otras zonas del organismo, generalmente desde el corazón (embolia). Estos trombos se pueden soltar y por su tamaño llegan a arterias más pequeñas por las que no pueden pasar, las taponan totalmente y producen lo que se llama isquemia aguda (embolia cerebral).

Ataque cerebrovascular hemorrágico: se produce al romperse una arteria dentro del cerebro provocando una hemorragia y dañando el sector donde ocurre. Puede ser por hipertensión arterial o la causa más frecuente de rotura de una arteria cerebral es la presencia de un aneurisma, es una dilatación permanente de una arteria causada por la debilidad de su pared. La hemorragia intracerebral que se produce no puede liberarse al exterior ya que el cerebro está encerrado en los huesos del cráneo, por ello la sangre presiona lo más blando, el cerebro, produciendo la falta de oxigenación de la zona y las lesiones subsecuentes de los tejidos.

acv


¿Cuáles son los síntomas?

Es muy importante reconocer los síntomas para reducir en forma inmediata el daño cerebral. Cada minuto transcurrido es crucial para prevenir los daños del ataque sobre la actividad motora del cuerpo, la palabra, la visión, la actividad psíquica y por supuesto la muerte. Ante la ocurrencia de los siguientes síntomas es muy importante recurrir al médico que sabrá diagnosticar qué tipo de ataque cerebral está en curso.

Es importante tener en cuenta el comienzo brusco de alguno de los siguientes síntomas:

  • vértigos
  • dificultad para hablar
  • piernas o brazos entumecidos o adormecidos
  • entumecimiento o adormecimiento de la cara
  • dolor de cabeza intenso no habitual
  • dificultad para caminar, pérdida de equilibrio o coordinación
  • pérdida súbita de la visión de un ojo, o visión borrosa o limitada
  • mareos
  • dificultad para manejar los brazos o coordinar los movimientos
  • confusión general, desorientación
  • compromiso de conciencia
  • náuseas y vómitos


Factores de riesgo

Ciertas afecciones y situaciones pueden aumentar el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular:

  • Edad: mayores de 65 años presentan mayor riesgo.
  • Presión arterial alta (hipertensión arterial): puede a menudo controlarse con ejercicio físico, una alimentación sana y ciertos medicamentos.
  • Enfermedad cardiovascular (tal como la enfermedad arterial coronaria, la enfermedad valvular cardíaca y las alteraciones del ritmo cardíaco): las personas que sufren de una enfermedad cardiovascular tienen el doble del riesgo de padecer un accidente cerebrovascular.
  • Aterosclerosis: a menudo denominada «endurecimiento de las arterias», es una enfermedad que se caracteriza por la acumulación de materias grasas, colesterol y calcio en las paredes internas de las arterias. Esta acumulación de grasa puede obstruir los vasos sanguíneos.
  • Apnea del sueño: es uno de los principales factores de riesgo porque eleva la presión sanguínea y disminuye la concentración de oxígeno en la sangre. Aunque puede controlarse, las personas que padecen esta enfermedad tienen mayores probabilidades de sufrir un accidente cerebrovascular. La incidencia de accidentes cerebrovasculares es mayor en las mujeres diabéticas que en los hombres diabéticos.
  • Accidente cerebrovascular previo: El riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular aumenta considerablemente si la persona ya ha sufrido uno. Si la persona ha sufrido un ataque cardíaco, también tiene un mayor riesgo.
  • Herencia: El riesgo es mayor en las personas que tienen antecedentes familiares de accidente cerebrovascular.


Factores contribuyentes

Estos factores aumentan de forma indirecta el riesgo de un ACV. La implementación de cambios en el estilo de vida puede prevenir o disminuir considerablemente el riesgo de sufrir uno.

  • El hábito de fumar
  • Consumo excesivo de alcohol
  • Uso de drogas ilícitas
  • Inactividad física
  • Obesidad
  • Píldoras anticonceptivas orales si se los combina con otros factores de riesgo, tales como el hábito de fumar, el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular aumenta.


Recomendaciones para prevenirlo

  • Controlar la hipertensión arterial y tomar la medicación correspondiente en el caso que sea necesario.
  • No fumar.
  • Tratar adecuadamente los trastornos del colesterol con dieta y medicamentos si fuera necesario.
  • Tratar la diabetes o el síndrome metabólico (resistencia a la insulina).
  • Desarrollar una actividad física regular y moderada.
  • Controlar el déficit de magnesio.
  • Tener un diagnóstico precoz de las obstrucciones arterioescleróticas de las arterias carótidas (se realiza por medio de un examen médico y una ecografía de las arterias carótidas).
  • Prevenir con medicación las trombosis y embolias cerebrales.


Afectación cognitiva y emocional

Dependiendo de la o las zonas cerebrales afectadas, serán los posibles déficits motores, sensitivos o cognitivos que presentará una persona que padezca un ACV.

Es importante además de la evaluación médica tanto del neurólogo como del médico fisiatra, considerar evaluaciones de otras áreas profesionales, como por ejemplo fonoaudiólogos, kinesiólogos, terapistas ocupacionales, psicólogos y neuropsicólogos.

El trabajo interdisciplinario ayuda a no sólo realizar un diagnóstico más certero sino además a llevar a cabo un tratamiento tanto para la persona que presenta déficit en diversas áreas como también la familia quienes acompañan al paciente e intentan sobrellevar esta situación.

Es importante realizar una adecuada evaluación neuropsicológica con test estandarizados que permiten obtener un perfil cognitivo de los déficits y recursos del paciente. El objetivo es poder comprender cómo estas alteraciones afectan las actividades cotidianas de la persona, con el propósito de llevar a cabo un programa de rehabilitación neuropsicológica para trabajar sobre aquellas dificultades que limitan el nivel de independencia.

Las alteraciones cognitivas pueden presentarse en relación a problemas de memoria, tanto para almacenar como para evocar información, en la orientación témporo-espacial y autobiográfica, problemas atencionales, tanto en la concentración como en la atención selectiva (heminegligencia), agnosias y apraxias de diversos tipos, déficit en la capacidad de organizar y planificar actividades, dificultades para comprender y emitir el lenguaje oral y escrito, alteraciones en la visoconstrucción y en la percepción, anosognosia, entre otras.

Por otra parte, en los casos donde el paciente es consciente de sus dificultades motoras y cognitivas, presentan por lo general cierta labilidad emocional, y en muchos casos esto lo lleva a frustraciones constantes y a desencadenar síntomas depresivos y/o ansiosos. Una patología de aparición brusca e inesperada produce cambios importantes y radicales en el nivel de vida que llevaba anteriormente la persona y en su contexto familiar y social.

En otros casos, los pacientes pueden estar anosognósicos, por lo que no pueden tomar conciencia real de sus dificultades ni de las consecuencias de sus actos ni decisiones. Pueden parecer apáticos, desmotivados y con falta de iniciativa. En algunos casos pueden presentar problemas conductuales tales como desinhibición, perseveraciones, comportamiento pueril, etc.

Por esto mismo es muy importante el acompañamiento psicoterapéutico y la psicoeducación tanto para el paciente como para su familia, para poder apoyarlos, contenerlos y brindarles herramientas y estrategias para sobrellevar esta situación.

El objetivo es buscar el mayor nivel de independencia posible para el paciente y además aliviar el trabajo de los cuidadores. En síntesis se busca mejorar la calidad de vida de la persona afectada por un ACV.

El enfoque psicopedagógico en las terapias asistidas con animales

Tradicionalmente la psicopedagogía se concibe desde la intervención educativa, con un enfoque de orientación y tutoría para intervenir en los problemas escolares, capacitación del personal docente y elaboración de programas educativos individuales, entre otros aspectos.

Hablar de psicopedagogía y terapia asistida con animales es un paso importante en este campo de trabajo. Es un abordaje diferente a nivel terapéutico, una metodología psicoeducativa de asistencia animal, en donde éste desempeña un papel fundamental en la apertura del niño y/o adolescente hacia nuevas actividades, funcionando como un poderoso estímulo, favoreciendo el aprendizaje y la adaptación de los niños con capacidades diferentes como así también generando un nexo entre el niño/joven y el terapeuta.

La interrelación entre un perro como recurso terapéutico y el niño/joven, posibilita trabajar los dispositivos básicos del aprendizaje, las funciones cerebrales superiores y demás aspectos que hacen al particular modo de aprender del niño, joven y/o adulto.

Desde mi humilde punto de vista, la psicopedagogía abarca un área terapéutica donde nos permite intervenir más allá de las situaciones de aprendizaje, es decir en una diversidad de trastornos, donde existen características comunes. Solé, I (2002) refiere que:

La acción psicopedagógica está dirigida a la orientación en: desarrollo de auto esquemas, pautas de crianza, educación compensatoria, prevención de conductas disruptivas, habilidades para la vida, y organización-evaluación de acciones administrativas.

Partiendo de este concepto entonces se amplía el espectro de la acción psicopedagógica.

Considero importante destacar, que los nuevos enfoques de discapacidad y de intervención se sustentan bajo el modelo ecológico sistémico, desarrollado por Bronfenbrenner (1987), autor de la Teoría Ecológica de Sistemas, quien plantea que el desarrollo se da en un proceso de interacción entre el individuo y el entorno ya que considera que el niño se desarrolla dentro de un sistema complejo de relaciones que se ven influenciadas por múltiples niveles del ambiente más próximo, los cuales actúan como variables dinámicas y activas que afectan de manera positiva o negativa dicho desarrollo.Este enfoque aplicado a la discapacidad se concibe en relación a los niveles de apoyo que necesita un individuo afectado para interactuar con el entorno y ser funcional dentro del mismo.

Desde esta perspectiva, la psicopedagogía está inmersa en un contexto diverso, dinámico y cambiante que nos va imponiendo desafíos con el objetivo de poder brindar una atención de calidad, considernado al individuo como eje central, sus particularidades innatas, condiciones del desarrollo, entorno social y cultural donde se desarrolla.

Sostengo que debemos cambiar paradigmas y ver las terapias asistidas por animales no solo desde la rehabilitación neurológica y puramente biomecánica, sino como un espacio donde el psicopedagogo a partir de la compañía del animal y un buen plan de trabajo y objetivos específicos, pueda fortalecer su autoestima, mejorar el autocontrol de las emociones, la autoconfianza, la capacidad de atención, trabajar la memoria, aumentar la comunicación gestual y oral, favorecer el vocabulario, entre otros.

Lo dicho anteriormente, nos permite entender hacia donde deberíamos enfocarnos en una intervención cualquiera que sea la discapacidad y nos aleja de las etiquetas, pasando a ser nuestro actuar holístico, integrador de las habilidades y destrezas que cada individuo trae consigo.